viernes, 25 de marzo de 2011

Prólogo. (2).

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Goldy nota que Gea dice la verdad, que no se trata de la invención de un solitario planeta.

- Si eso es así hay que informar al Gran cosmos.

- Es lo que quiero pedirte. Tú tienes contacto con él. Yo tan sólo soy un pequeño planeta. Pregúntale que debo hacer.

El sol Goldy habla con Galaxia y esta con el Gran Cosmos. Éste les informa que Gea dice la verdad y ordena que cuiden y respeten a todos los seres de la creación. En cuanto a los humanos son la esperanza de la salvación del universo.

Goldy se queda atónito y pensativo pero transmite a Gea las palabras del Gran Cosmos. Lo que no llega a comprender es cómo serán esas diminutas criaturas los salvadores del universo. Según Gea lo que hacen es enfermarla. ¿Cómo van a salvar si destruyen? Qué complejo dilema. Es un problema más complicado que la intrincada multitud de números, cálculos de energía y recorridos espaciales que él ejerce diariamente.

Así es como Goldy y Gea se ponen de acuerdo para que las criaturas que han nacido en la corteza de Gea crezcan.
Al principio no saben qué hacer, pero con el tiempo Gea pone en práctica un plan de acercamiento a los humanos. También existen otros seres que Gea ha observado con detalle: seres elementales, especiales, animales y vegetales. Aunque estos viven en armonía con Gea, son como miembros de su familia. Parece increíble pero así es.
Gea descubre la belleza de la vida que ha emergido de las aguas de sus mares. Un líquido que le parecía viscoso cuando era niña y que se helaba de vez en cuando. Últimamente hacía miles de años que la congelación no ha ocurrido porque los giros de Vega alrededor de Goldy eran estables. Durante ese tiempo los humanos han evolucionado dividiéndose en numerosos grupos. No todos eran iguales. Aunque la voz general es de bondad, existe un rumor fuerte y poderoso que proclama la destrucción y el mal. Cada grupo de humanos tiene miembros fuertes y otros débiles. A los más fuertes e inteligentes les llaman líderes y cada uno de ellos dirige a un grupo más o menos numeroso de personas, que es otro de los nombres que usan los humanos para llamarse a sí mismos. Los sentimientos y plegarias son bastantes diferentes entre los humanos, no todos los miembros de un grupo tienen la misma sensibilidad.

Para Gea sin embargo no es complicado atenderlos a todos, conoce las diferentes emociones de la naturaleza terrenal humana, que se manifiestan a veces unidas por grupos, a veces intercaladas singularmente dentro de los distintos conjuntos de personas. Pronto la inteligencia del planeta Gea conoce bien a sus criaturas. Sus fracasos o triunfos se repiten constantemente durante la corta vida que permanecen en el planeta, luego se repite con sus hijos y los hijos de sus hijos.

La experiencia de Gea sobre el conocimiento del tiempo es una gran ventaja. Al fin y al cabo hay que reconocer que los humanos son bastante listos para lo frágiles que son. La sabiduría que tiene Gea de sí misma y del universo es inmensamente superior al más capaz de todos los humanos. En el fondo de su ardiente núcleo le dan algo de lástima.
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miércoles, 23 de marzo de 2011

Prólogo. (1).

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Prólogo.

El planeta Gea es uno más entre los miles de millones de planetas que existen en el universo. Su función, su objetivo, su vida es dar y dar vueltas alrededor de un Sol dorado y ardiente llamado Goldy; bueno, así es como le llaman los planetas amigos y también alguna que otra estrella vecina. Gea no recuerda cuantas vueltas ha dado ya sobre el eje de Goldy, un billón, un trillón.
Gea y Goldy son como hermanos, se dice que proceden del mismo lugar, también son amigos, discuten con frecuencia sobre el tiempo. En realidad viajan por el universo junto a varios millones de estrellas y planetas en una galaxia con forma de espiral.
- Este año tienes que acercarte un poco, Suny y sus planetas se han salido de su camino habitual – dice Goldy.
Suny es el sol vecino y alrededor suyo también giran varios planetas. El sistema solar es parecido al de Goldy.
- Goldy, no me digas eso, ya sabes que tu calor revuelve mis tripas y me produce unos gases enormes – Comenta Gea.
El planeta todavía es joven y le cuesta hacer caso a Goldy.
- No querrás provocar un cataclismo, verdad - le responde Goldy.
A Gea le da miedo – Qué palabra tan inquietante: cataclismo… - piensa mientras deja libre su imaginación que nada bueno le propone – Tengo que obedecer a Goldy aunque no me guste. Él es el Sol de mi sistema.
La infancia de Gea fue como un vaporoso y mágico sueño lleno de luces.
En su memoria todavía conserva un leve recuerdo. Sí, algo parecido a un cataclismo y cada vez que se acuerda se pone nerviosa. Lo único claro que retiene en la memoria de su primera infancia es que iba perdida a gran velocidad por el espacio en medio de fogonazos con explosiones tremendas. Un día conoce a Goldy, que la atrae con el magnetismo giratorio a su órbita y aprende que dar vueltas alrededor de una estrella es de momento su meta.
Transcurren millones de años, de vueltas y más vueltas al sol. Gea está aburrida y algo abultada. Se ve que con los años ha aumentado de peso. Además últimamente sobre su piel ocurre algo extraño que le tiene preocupada.
- Oye Goldy, ya sabes que cuando tengo que aproximarme a ti, como otras veces por ajustes del espacio, mi superficie se vuelve acuosa y cuando me alejo se congela y no olvides las erupciones lo molestas que son – Gea se queja.
- Eso es la edad Geíta – Goldy le llama Geíta en muchas ocasiones – Él también ha notado que desde su interior ya no mana esa luz tan esplendorosa como en su juventud. Sabe que pierde fuerza y energía lentamente pero no se lo cuenta a Gea. No quiere preocuparla.
Y pasan otros millones de años.
- Goldy, Goldy – Llama Gea nerviosa.

- Qué quieres ahora, no ves que estoy ocupado en calcular las trayectorias de traslación del sistema con respecto a la galaxia y el universo – Goldy es muy aficionado a componer números sobre las distancias recorridas y las que le quedan por recorrer; verdaderamente tiene una gran inquietud por viajar lejos. En vez de ser sol le habría gustado ser cometa. Eso sí que es explorar el universo, cruzar las galaxias, el espacio abierto, luchar con nebulosas y esquivar meteoritos. Muchas veces ha calculado abandonar el sistema del que está encargado y lanzarse al firmamento como un bólido dejando tras de sí un preciosa, larga y luminosa cola, que todo el mundo lo viera surcar a una inmensa velocidad el cielo. Goldy sabe que si hace eso producirá un grave cataclismo, a él también le asusta la palabra “cataclismo” y tiene respeto a la misión que han encomendado. La única solución a sus sueños es encontrar a una estrella solitaria que quiera remplazarlo en el trabajo de la dirección de un sistema solar. Eso supondría ciertos cambios climáticos para los planetas mientras se realizase el relevo pero de todas formas valdría la pena.
- Goldy. Escúchame. – gritó Gea – Creo que tengo un serio problema.
Goldy deja de divagar y responde – Yo también tengo un problema. ¿Cuéntame qué te ocurre?
- Desde hace algún tiempo han aparecido unos diminutos seres sobre mi corteza planetaria y la manipulan. Al principio no les di importancia pero conforme avanza el tiempo cada vez me molestan más – Gea está asustada.

- Sí que es extraño. Nunca he oído nada igual. Sólo conozco problemas de erupciones, desvíos de trayectorias, choques, explosiones y esas cosas del universo. Que existan seres sobre la piel de un planeta. ¡Jamás he escuchado una cosa igual! ¿Hace mucho que notas el cambio? – le pregunta Goldy.

- No estoy segura pero es posible que hayan pasado unos tres o cuatro millones de años. Cada vez son peores. Perforan grandes pozos, vician el aire, contaminan los ríos. Me hacen daño.

- Si quieres los abraso con una ola de calor. Te acercas un poco a mí y problema solucionado – comenta Goldy de forma rápida y casi sin pensar lo que dice.

- No seas radical. Si hago eso también pondría en peligro mi sistema vital. Además creo que no es un buen consejo.

- ¿Entonces qué es según tu lo apropiado para liberarte de esas molestias? – pregunta Goldy con un tono algo enfadado.

- Intuyo que estas criaturas son únicas, tenemos que ayudarlas en vez de destruirlas. Las siento como hijos propios.

- Qué tonterías dices. Los planetas no tienen esa clase de hijos porque no existen. Se pueden desprender fragmentos para crear lunas y satélites de diferentes tamaños y materias. Mira a tus compañeros del sistema. Algunos tienen varios. Yo solo sé que mi madre fue una gran estrella y tú eres parte de esa estrella como yo, se puede decir que somos hermano. ¿Qué un planeta cree seres vivos? Vaya bobada. Eso es imposible.

- Yo no estoy tan segura como tú. Algunas veces oigo sus voces que me ruegan les ayude.

- Eso es absurdo. La comunicación es un don que nos provee el Gran Cosmos porque es necesaria para la regulación de todo el Universo. Geíta, no otras criaturas que no seamos los astros, los planetas y los cometas.

- No lo sabemos. Tal vez el Gran Cosmos ha creado otro tipo de criaturas que no podemos ver, ya que se desarrollan bajo el azul cielo de mi atmósfera.

- ¿Y tú como estás tan segura que están ahí?

- Yo tampoco las puedo ver directamente, son como un sueño real.

- ¿Sí? No me digas. ¿Y cómo son? – se interesa incrédulo Goldy.

- Las hay de muchas formas. No sé describirlos con precisión pero son inmensamente diminutos en comparación a los seres astrales y también hay millones. Son muy distintos los unos de los otros, no son esféricos como nosotros, tienen muchas formas. A veces pienso que son parte de mi y otras veces que no. Están los llamados por ellos mismos humanos, especialmente los más prepotentes, que no les importo nada. Otros humanos al parecer creen conocerme e insisten para que les proteja. Construyen bellos templos en mi honor y me llaman Madre.
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